Decepción

El pubis cristalino de la nínfula clamaba a la verga.

Luego de sus ávidas lecturas de novelas eróticas,
siempre inundada en la ensoñación se desvelaba entre capítulos
para calmar su beneplácito aplazado.

Stella jugueteaba con sus compañeros de clase,
a la primera oportunidad le daba lugar a su rodilla
en la entrepierna ajena,
respiraba en cuellos varios, desabotonaba su camisa
o bajaba sus calcetas.

Un día asfixiante de verano;
entre los matorrales de las moras y las hierbas altas
Stella conoció la verga de Baptiste.

La miró atónita, sus horas de imaginación no alcanzó correspondencia
con el mínimo trozo de carne que hacía nombrar hombre a Baptiste,
Stella sacudió su falda, se sacudió las piedrecillas.

Partió de regreso a su alcoba.

A buscar la verga erguida, sublime en el tono de sus poemas
y en sus pasajes predilectos.

 

 

Magga (Edo. Mx.)

Porque la vida es un visaje

Porque la vida es un visaje,
oscuro trip
de una road movie.

A veces nos roban primaveras.

Los recuerdos son monedas frías.

La primera escena es en blanco y negro,
que bueno que esto se desplaza
justo como un dolly
en una escena de película de carretera.

El cadáver del escarabajo,
es de color azul y negro.
la mosca camina sobre él
y su recorrido es perfecto,
escenas todas de una película muda.

A veces  ya no creo en el futuro.

Ahora los asesinos prefieren los lugares limpios,
prefieren los corazones solitarios,
las avenidas transitadas.
No son monstruos,
ni espíritus neutros.

No son oscuridades nobles.

A veces, el miedo todavía nos ahoga.

Los unicornios existen pero nos los desaparecen.

Aquí sólo quedan poemas rellenando las paredes.

Me siento dura como un hueso, peladito, libre de carne, gluten free.

Me sentía dura,
huesito difícil de roer.

El otro día vi un documental
donde serruchaban un hueso y se desmoronaba
como un hueso de mazapán.

A veces soy un pétalo puesto en cera,
a veces la estridencia,
o una tremenda retorrito-rialización,
un poema irreal-viseralista.

Ella era dura,
ella sólo quería ahorrarse las definiciones.
Ella en realidad era nosotras, yo,
entonces el mundo no era un teatro, no era un lugar vacío.

A veces ella era sólo un cuerpo dócil,
cuanto más ágil,
cuanto más frágil.
A veces desaparecía el dolor;

y entonces ella de nuevo era fuerte, dura,
pero las imágenes regresaban siempre.

 

¿Dónde cabían?

¿Dónde colocar la fotografía
de la elefanta en llamas,
dónde el dolor?

 

Fuera de cámara.

 

 

 

Orquídea (Sclc. Chis.)

 

La Maldad

El funcionario espeto a Don Vladimir, aunque no existía prohibición alguna o artículo en lo correspondiente,  era imposible que en su local Don Vladi mercadeara maldad. Por eso el funcionario lo espeto –¿Don, está usted bien?

La junta vecinal se rió, todas por la colonia nos  reímos cuando con su luz amarilla los focos en neón ofrecían un surtido variado en maldad. Como es un giro mercante la maldad aparece en los registros del municipio junto a ultramarinos, abarrotes y expendios.

Tampoco proporciona bolsas, por lo cual se ve a gente saliendo del negocio con la mirada taciturna; envolviendo en un abrazo una sustancia amorfa, con una viscosidad de espanto que contrario a su aspecto desprende una esencia a jazmines y a nomeolvides.

Los personajes en el barrio que tenían fama de budín y de galletas azucaradas salen del expendio con sendas compras de pánico, montados en sus vehículos rugen de escape, acechando como bólidos por peatonales y cruces uno a uno.

A través de la vitrina un parsimonioso gesto se dibuja en el rostro todo en calma y cristalino de Don Vladimir, la noticia se a extendido, ¡y abrirá sucursales!

Brannan (Tab.Mx.)

La tarea

María Rojo
de rodillas al borde de la hamaca

cine directo
cine experimento
dos encuadres
un corte inesperado

“La tarea” (1990)
Dirección Jaime Hermosillo

Dos amigos
Ella estudiante de cine
Él vende (e)lotes

Ante el engaño, la camaradería

La sinopsis fue una clara invitación
Si con Oliveira me llamé Lucía
Aquí me nombro Virginia

Flashback a la tarde de primavera
En la que huiste de mi casa
So pretexto de amotinarte

En la imaginación.

 

 

Magga (Edo.Mx.)

De primaveras y pancartas

Lloro como si turbia la alacena llena
y mojo de a poco el piso enchastrado

¿Cuándo mi casa volveré a ocupar?

Caímos en el desenfreno de la verborrea
y ronronear al unísono

Tú en tu estudio con ventana al jardín de primavera
yo en lo alto de mi torre rodeada de ríos de sangre.
Míranos ahora a diez años de la despedida en San Juan de Letrán
míranos ahora.

Yo abracé a mis hermanas todas
aquellas que no surgieron de alguna costilla
gritamos juntas
gritamos fuerte
gritamos alto

“Somos malas, podemos ser peores”.

Me regalaron el impulso de esta letra y de la que sigue.
ellas, cada vez más nosotras

Sacudimos el hastío
el asco
la orfandad
detrás del basureo y el manoseo en la calle

Aplastamos entre pancartas y abrazos
al patriarca que nos negó
el ascenso y el salario.

Le cortamos la verga al violador
y le quemamos los huevos al feminicida.

Ahora dime

¿Qué tal estuvo tu fin de semana?

 

 

Magga (Edo. Mx.)

 

LOS MALÉVOLOS

Viejo

de alma vieja

prisionero de tí
en estas oscuras
catacumbas
malvado entre los malvados

háblanos de tus estirpes
de tus lozanos sueños
serviles

cuando de cada amanecer
hacías  una sinfonía de
cantos ácidos

con alfombras de pájaros
y coágulos  negros en las banquetas

 

NOSOTROS los malévolos
venimos de antiquísimas eras
nos procrearon las bestias
más  indómitas de los pantanos
en las ciénegas
las turbas más pestilentes fueron
nuestro hogar y cuna

los fetos de las hienas
los escorpiones negros
nuestro alimento

nuestros mayores
fueron las bestias
del desierto que aparecieron
con las lunas rojas

aquellos que nos impusieron
los ritos
las largas sangrías
los bautizos de hiel

se preparaba la gran disputa
asunto de los dioses
y me ví entre las legiones
de los inflingidores del mal

sembré la discordia en
todas las eras
avivé el odio y la codicia
entre las razas supremas
entre los vulnerables

impuse doctrinas de dominación
ideando falsos profetas
y mártires del dolor
y la autoflagelación

promoví la guerra
y la devastación
con el señuelo
de la justicia y el orden

sometí a las masas dóciles
a una barbarie de consumo
y mentes adocenadas

estimulé la voracidad
de los poderosos
que expoliaron el sustento
del planeta de manera
suicida

azuzé a la bestia más
despiadada
contra sus congéneres
las especies primordiales
herederas del reino

Ellos
los salvajes notables
idearon sus propios laberintos
hurgaron en las estrellas
las minúsculas  oquedades
procrearon el sueño
de una gran disección
en forma
de un cañón silencioso

y una nube de hongo

en las ciudades hormiguero
propagué el odio gratuito
entre razas
estimulé la extinción de masas
acallé las disidencias
ahogué revoluciones
encumbré tiranos
inculqué la hipocresía
propagué la envidia y
la traición

alabé las ignominias

destruí
ofendí
robé
asesiné
desmembré
secuestré
calumnié
violé
segregué
instauré un orden de terror
y violencia desmedidos
en nombre de
la igualdad y la tolerancia

quien diga
que nosotros
los MALÉVOLOS
habremos de claudicar
y abdicar

miente

tan sólo me extingo yo
como cualquier cosa vital

nuevas legiones
en diferentes formas
se aprestan  para el
asalto final

 

 

Javier (Hidalgo)

Del techo

Nadie me creyó cuando dije que una lengua larga y vaporienta se acercó a mí desde el tejado en la casa de mi abuela.

A los cuatro años me defendí con una delgada sábana y llamé a mi madre en silencio. Cuando ella entró al cuarto de paredes de adobe, la lengua larga cual serpiente se recogió con dificultad por la rendija que le abrió paso. Nunca más me quise volver a dormir ahí, prefería el cuarto de block de mi tía Graciela, donde las cortinas siempre combinaban con la colcha.

Hace dos semanas, mientras me preparaba un café en mi departamento en San Cristóbal, recibí una neurótica llamada. Era mi padre, tan ansioso por informarme que no podía hilar frase alguna. Resulta que la humedad quebró la madera del techo de aquel cuarto de adobe y todos mis tíos y unos cuantos vecinos se juntaron a repararlo. Era necesario botar la madera carcomida por las termitas y el moho, y poner una nueva, barnizada, de mejor calidad.

Mi padre fue testigo de aquella escena grotesca de tan veloz. Al desmontar la última tabla pendiente, azotó al piso un niño asustado que en cuclillas se tapaba el rostro, lloraba temeroso y desorientado. Con desconcierto, los presentes se preguntaban ¿qué hacía ese niño de unos ocho años ahí escondido? Nadie lo reconocía, situación poco usual en un pueblo como aquel de vecinos tan cercanos. Los hombres le hacían preguntas, una tropezada con la otra, pero el niño parecía no entender aquel lenguaje.

Llamaron a mi abuela, ella tampoco lo reconocía, estaba atónita ante la posibilidad de que aquel niño estuviera viviendo ahí desde hace tiempo. Esa guarida era el terrado en el que mi abuela guardaba el maíz que le pagaban por la renta de una milpa al otro lado de la carretera, pero que ella casi no usaba porque ya compra las tortillas hechas.

Al niño le ofrecieron agua de limón que bebió en un solo trago, pan y fruta que tuvieron fin en pocos bocados. Cuando el niño dejó de tener miedo miró a todos con una ligera sonrisa, entre agradecida y maliciosa. Se levantó del banquito que lo contenía y empezó a juguetear. Corría con pasos pequeños entre las personas, ya todos en el juego reían y lo seguían con la mirada.

En medio de la fresca algarabía, de la boca alegre del niño asomó una lengua puntiaguda que creció en un santiamén, que al tocar a Nicolás, el más barrigón de los asistentes, se engrosó y lo rodeó cual constrictor. En una fracción de segundo, los líquidos que componían al pobre hombre salieron disparados por la presión a la que el cuerpo fue sometido. Los demás quedaron impávidos cuando los fluidos mezclados les embarraron la cara y la ropa.

El niño volvió a su imagen de ingenuidad, intentó juguetear pero notó el miedo y enojo de los demás y volvió a acuclillarse y taparse el rostro. Entre todos lo sujetaron con unas sábanas, el niño no opuso resistencia. Lo encarcelaron en una jaula en la que antes los vecinos vejaban a un par de lobeznos.

Tratando de mantenerse fuera del alcance de la lengua, algunos hombres montaron la jaula a una pickup, manejaron por las veredas que han abierto en el monte. Con ayuda de la multitud que iba a pie, llevaron la pesada jaula cuesta arriba hasta un punto poco transitado. Ahí quedó el niño, temeroso, presa de su condición y del miedo de los demás.

De aquel cuarto se desterró el miedo, y ahora tiene un cielo razo sin rendijas con madera tallada, me dijo mi padre.

 

 

Magga (Edo.Mex.)

LA FUNCIÓN

Albores de los sesenta. Mi turno era en la mañana. Sobrepoblado. Quizá  cursaba el tercero. “Esc. Primaria Carlos Bauer“; colonia proletaria al norte del D.F.

Eramos ratas en serio en la pequeñez y estrechez.

En las aulas todo transcurría  con normalidad. A los de sexto la arpía de la teacher les unta  chile en la trompa si los agarra copiando. El profe de cuarto es tan panbolero  que se la pasa organizando tandas de penalties a puerta cerrada. En el  quinto “A” el Güero Velázquez se la sigue chaqueteando cada vez que se voltea la maestra.

Los baños seguían siendo centros de tortura olfatoria.

Hasta que en una de esas tediosas jornadas rugía de repente el altavoz: ” mañana gran función de cine  a las 12 del día, gran función de cine. Costo 5 pesos. Se les recuerda que si no hay orden no hay función, orden y en silencio. La función será  doble. King Kong y Tarzán el rey de los monos. Gran función de cine”

Es increíble como las palabras pueden ser tan intrascendentes e inútiles al momento de confrontarlas con ciertas realidades, sobre todo tratándose de párvulos cuyo cerebro parecía  estar infestado de lombrices.

Al sonido de la chicharra, justo a las 12, una turbamulta de enanos salvajes salía  en tropel de los salones profiriendo horrendos alaridos al tiempo que cruzaban el patio y tomaban por asalto el sexto “c”.

El improvisado salón de cine era por mucho insuficiente para albergar a tanto inadaptado frenético.  Sin sillas, había que hacerse de algún lugar entre empellones y mentadas. Sólo al fondo del salón había una hilera de asientos que ocupaban el Cácaro y los maestros encargados del desorden. La pantalla, una percudida sábana encima del pizarrón.  Obviamente el cupo era limitado y en pocos minutos aquello estaba hacinado  como vagón del holocausto.  En la semioscuridad el calor y el bullicio eran infernales, y después  de algunas amenazas y llamadas al orden comenzó la función.

La imagen era infame y el sonido totalmente distorsionado. Al parecer era lo de menos pues el respetable se distraída en otros menesteres.

– pinche Cácaro ya deja la botella.

– maestra, Contreras me picó la cola.

– No es cierto, fue Godínez.

– maestro alguno ya se meo. Hasta acá llega el charco.

No faltaron, desde luego, las alusiones románticas  al amor imposible del gorila.

– Ya cogetela Kong.

– la Jane está  re buena.

Y así durante tres largas horas de suplicio desfilaron las imágenes  del drama comestible holliwodense. Kong  inmolándose en el Empire con Ann Darrow suplicando a moco tendido por la vida de su sexi simio. Los alaridos destemplados de Johnny Weismuller  convocando a las manadas, mientras Jane se refocilaba en su papel de guardiana de la moralidad gringa en la jungla.

Muchos años después al recordar ese mi primer contacto con el séptimo arte, concluía que el gran ausente había sido André Bretón.

 

 

Javier (Hidalgo, Mx.)

Maldad

En el caos de la creación, entre choques violentos,

producidos por la añoranza de una utopía.

Era necesaria una contraparte para darle sentido.

Como una obligación cumple su tarea en cada dimensión.

 

Rabia necesaria para existir.

 

 

Edgar (Sclc. Chis.)